domingo, julio 08, 2007

El ritmo sabroso de José Luis Medina

Bola de Nieve, el crooner cubano por excelencia, no escuchó nunca en vida al cantautor José Luis Medina, por culpa de nimias incongruencias caprichosas de ese ’viejo vivo’* que es el tiempo. Sin embargo, apuesto a que su ánima se sienta junto a nuestro contemporeáneo para disfrutar de lo que hubiese sido su decir en esta época.

Lo mismo partiendo de alguna tonada o desde un texto, Medina se deja llevar por la historia a sugerir, o él la guía a ella por los laberintos creativos hasta desembocar en la canción. Es que Medina usa ese instrumento mágico que llama inspiración, mezclando todos los efluvios que vienen al momento de componer con las líneas que le dictan al oído el Bola, Jim Morrison o Jimi Hendrix.

Nacido en Ciudad de la Habana –dió sus primeros gritos en el Hospital Materno Sagrado Corazón de Jesús del Vedado, para ser más exactos- José Luis Medina, uno de los miembros en activo del proyecto Habana Abierta, se considera “un tipo bastante sencillo“. Soy una persona que se esfuerza diariamente para mejorar el humano, me comenta, “porque soy bastante conflictivo conmigo mismo y con el medio“.

El superhit firmado por él ha sido Máquina de amar, con versión de lujo incluida en el disco “Ni de aquí, ni de allá“ de uno de sus amigos de antaño, David Torrens. Sin embargo, conocí a Medina mediante un tema que se escuchaba bastante en la escena underground de La Habana conocido como Quien tú sabes. ’Está este ritmo sabroso’, repetía el estribillo de aquella ’conflictiva’ canción en realidad titulada Ritmo sabroso, mientras recorría una lista de calamidades sociales y personales.

Quizás lo de conflictivo le viene de su crianza en el reparto Camilo Cienfuegos de La Habana del Este, del que dice ser su barrio, donde creció, pasó su niñez y adolescencia, y de donde partió al mundo. Pero yo prefiero darle el calificativo de crítico, por eso le doy a escoger entre los dos términos.

“Crítico“, admite, “y también armo mis conflictos y mis broncas, no te creas“, sonríe. Se la pongo dificil al pedirle una autopresentación, pero me dice que le gusta disfrutar de sus amigos y de la música. “Ahi voy tirando, con muchas inquitudes todavía, como si tuviera 18 años... No esperes más, no te voy a decir mi edad“, y así me niega la posibilidad de que esa línea aparezca entre estos párrafos.

Pero riposto, y le pregunto por qué le dicen La Liebre. Ahí sí que se parte de la risa. “Ese es un chiste de Alejandro Gutierrez, por mis dientes me imagino, la sonrisita con los dientecitos, siempre se me quedan así, afuera, como una liebre.“ El mote lo viene arrastrando desde los tiempos de 13 y 8 en Cuba. “Se popularizó con el Rockason“, me confiesa, “a Medina La Liebre le das un abrazo, y ya eso entró por ahi pa’llá... y La Liebre quedó (ríe). ¡Ya estoy aquí!“

Se queda en blanco a la hora de describirse, pero lo intenta: “Medina es un zurdo que toca la guitarra a la derecha,“ me dice. ¿Cómo Santiago Feliú?, le pregunto. “Si, pero Santi la toca al revés, no sé como lo hace, pero creo que vira la guitarra así,“ hace un gesto, “una jodienda“.

Me atrevo a preguntarle si es otro de esos ’rockeros arrepentidos’ que andan por ahí. “Ahora mismo soy todo terreno,“ me responde, “lo que más me gusta en la vida es tocar con una banda de tres pares, sobre todo para soltar la guitarra y no tener que pensar en más nada que en el tema y cantarlo. Algunos temas si que me gusta tocarlos, porque si no los toco, no me siento bien.“

“Me gustaría tener una banda con todos los hierros, pero la necesidad, hijo... la necesidad del capitalismo,“ sonríe y prosigue, “sabes que en Madrid esto está muy duro, tienes que ser capaz de hacer tu música independientemente, y de ahí pa’lla todo el resto, lo mismo un dueto, que un trío, quinteto, que una orquesta sinfónica, lo que venga. La necesidad es la que hace los formatos, es una putada, y digamos que a veces te limita. También hay muchos lugares. En un lugar pequeño te bajas con una banda y nos meten presos a todos, ¿no? Si que siempre me ha gustado mantener un contacto con los músicos, siento mi música más completa con una banda,“ me confiesa su deseo muy posible.

Como casi todos los artistas implicados con ese lugar ya mítico que es 13 y 8, Medina no recuerda el momento exacto en el que abordó ese barco. “Más o menos recuerdo que no fue algo que sucedió de pronto,“ explica, “que todos nos reunieramos. Nos fuimos conociendo en el transcurso de los años, por ejemplo, David Torrens, que iba a Alamar, a una casa de cultura donde hacían muchas peñas, y había una brigada que se llamaba El Quijote, donde ya estaba Manuel Camejo (un cantante muy bueno) y un montón de locos. Había artistas plásticos, pintores, escritores, músicos, de todo. A los demás igual, fui conociendo a Vanito, al resto... creo que en 13 y 8 fue donde todos coincidimos y empezamos a vernos más, pero en diferentes circunstancias, fechas, nos fuimos conociendo de a poco, en definitiva para nuclearnos ahí, llegar a juntarnos todos en 1988 u 89.“

Entonces, ¿qué significa Habana Abierta para José Luis Medina? Más que un grupo, lo siente como una familia unida desde hace más de 20 años. “Con sus buenos y malos ratos,“ me relata, “cada cual sabe qué lugar tiene, qué papel jugar en cada momento, sobre la importante base de la admiración y el respeto mutuo de cada componente, hemos logrado sobrevivir a toda esta vorágine del mercado de la música actual. La verdad es que nadie entiende como en estos tiempos existe una banda con semejantes características, pero eso mismo es lo que le da un toque especial.“

El resto de las preguntas, hechas a la carrera minutos antes de su presentación en el bar restaurante madrileño De Palo Pa’ Rumba, fueron las siguientes:

Contigo en la Distancia: Hay gente que le llama el Movimiento de 13 y 8, estás de acuerdo con eso?

José Luis Medina: (Ríe) Chico, yo no sé si llegamos a ser un movimiento, porque movimientos ya había por ahí un montón, pero si es verdad que de ahí partimos unos cuantos. Institucionalizarlo, darle la clasificación de movimiento, pues... no lo sé. Eramos unos amigos que nos juntabamos en ese museo de 13 y 8 a cantar (y cantarnos), a estrenarnos canciones. Empezamos con poquísima gente, y aquello llegó un momento en que no cabía un alma.

CD: Ese era el lugar porque no tenían otro, ¿no? ¿Cuál era la razón?

JLM: Ese fue el lugar que nos tocó en ese momento, ese era el único lugar nuestro, lo fundó Vanito y otro amigo, pero era un lugar nuestro, ya no era la peña de Adrián Morales, de Artes Decorativas, o la peña de no sé dónde... donde tú tenías que ir a ver si te daban bola, a ver si te dejaban tocar un par de temitas, o sea que ya era algo tuyo, y como todo en la vida, tener algo tuyo es maravilloso.

CD: ¿Alguna vez tocaste en la Casa del Joven Creador?

JLM: Sí, sí, en la Casa del Joven Creador tocamos muchísimo, allí estrené mi primer grupo, que se llamaba Goma Loca, una onda de rock’n’roll con una sección de metales, una locura aquello del carajo. Goma Loca éramos tres músicos en la base, y tres en los metales, que casi siempre se iban alternando, eran muchachos de la banda militar que iban con Yasser Gonzalez, salían del servicio a tocar, nos decían “venga, dame los papeles“, se fugaban de ahí a tocar a la Casa del Joven Creador. Por eso los metales variaban, la base se mantuvo más o menos un tiempo. Eso fue un bastión bastante importante, ahí sobrevivimos muchísimo, empezamos a tocar con bandas, fueron también los primeros conciertos a guitarra. Yo personalmente guardo un recuerdo muy especial de la Casa del Joven Creador.

CD: ¿Cómo clasificas tu música?

JLM: Ñó, primero yo, y ¿ahora mi música? ¡Del carajo, son preguntas muy difíciles!

CD: ¿Y si te digo Rockason?

JLM: Sí, y es también música brasilera, chachacha, balada, rock and roll, funky... Junto a Ale (Gutierrez) ya he hecho como 20 temas funky y fui muy funkero, mucho antes que esos muchachos que ves por ahí ahora (ríe) Estoy nutrido, creo, de toda la música buena que hay en el mundo, que me gusta, y trato de hacerlo lo menos fatal posible con la mía. Soy bastante caótico, en todo, peor con mi mano zurda, pero por lo menos sí me nutro de la música.

CD: ¿Influencias?

JLM: Me influye mucha música, desde los trovadores de nuestra música más tradicional, Sindo Garay, Matamoros, pasando por Pablo, Silvio y todos estos buenos educadores que hemos tenido, hasta Nirvana, toda la música que me ha nutrido es infinita, pues cualquier cosa que yo sienta que me llega, que me hace bien, y que vibro con esa música, rápidamente me la bebo, y ya está en mi disco externo. Cuando me gusta un disco soy muy “quemón“, más ahora con internet, desde donde puedes darte el lujo de bajarte cosas como los Rollings con Bruce Springsteen, y U2 con otros, soy fan a escuchar versiones que no están grabadas, duetos de gente, ahora me ha dado por eso.

CD: ¿Cuántos discos tienes grabados o editados?

JLM: Yo tengo una maqueta de disco que se llama “A mi bola“, que lo hice con este muchacho que te mencioné, Yasser, ex-integrante de Goma Loca, quien vive ahora en León. Con Habana Abierta, 4 discos. Cinco discos en nueve años, no está mal. Ahora mismo tengo uno que está preparadito, solo le falta alguien que lo patrocine, una entrada de dinero y gente que lo quiera hacer. Ahora tengo material muy bueno, creo que es la primera vez que logro contar con 20 canciones que me gustan, que tienen que ver una con otra, que tengo una historia mejor definida para hacer. Con la voz, he perdido unos cuantos tonitos por ahí, de tanta gritadera, tanto concierto con tanta banda por ahí, y entonces creo que he hecho un coro que me gusta mucho, una nueva forma, muy cubana, con su toquecito brasilero, su funkillo por ahí de vez en cuando, pero es el boceto que mejor terminado tengo, podria ser un disco de 11 a 14 temas.

Con los discos siempre pasan cosas, tienes un repertorio de temas, después van saliendo cosas, van entrando otras nuevas. En este caso, por ejemplo, es la primera vez que grabaré temas de otra gente. Hay veces que no se presta, y yo respeto mucho a los autores y me da miedo meter mucho la pata, entonces me mido mucho, para cantar un tema me lo tengo que pensar como cojones, y por ahí tengo el tema de un amigo que quiero arreglar y que quiero que entre, un tema de Raúl Ciro, ex-Superavit -mi socio del alma, mi hermano- y que se llama Coopere con el artista cubano. Todo esto está en mi cabecita, no se si el disco se llamará asi, o Piedra Fina, que es otro de los temas que tengo por ahi, que viene siendo como la columna vertebral del disco.

CD: En estos 9 años aquí, qué te ha dado España y qué te ha quitado?

JLM: España me ha dado muchísimos años de estar, he hecho todo el trabajo que tengo hasta ahora aquí en España, me ha permitido grabar en discos, hacer mis conciertos, conocer a gente nueva, viajar por el mundo, moverme desde España. Me ha aportado muchas cosas muy buenas, desde la buena cocina hasta muy buenos amigos, que siempre es importante. Yo creo que he hecho parte de mi vida, muchísimas cosas que hasta ahora en Cuba no he podido hacer, pero... que me haya quitado, no siento... aquí he dejado los mejores años de mi juventud (ríe), pero los que quedan por vivir...

Claro que para disfrutar de esto tienes que renunciar a otras cosas, como he renunciado a estar con mi familia o mi gente en Cuba, pero bueno, a mí me parece que Cuba no es el mejor lugar ahora para que se desarrolle ningún tipo de arte, por más que hagan ver que si, que no pasa nada. Entonces, me ha quitado eso, el cañonazo de las nueve y el cafecito de mamá, con chícharo.

CD: ¿Qué le hace falta a la música cubana aquí?

JLM: Que le den bola. Aquí no nos dan bola, de pronto ves que has estado trabajando un montón de años, y para entrar todavía tienes un tope, te dejan llegar hasta un límite, te ponen un techo y te dicen hasta aquí, y de aquí no vas a pasar... y de ahí no pasas. Como mismo usan nuestra música, porque ahora mismo hay un disco por ahí de no sé cuantos artistas españoles cantando el cancionero cubano, pero cuando las cantamos nosotros, no las quieren. Entonces es eso, que cuando nosotros las cantemos, las quieran. Aparte de cuando las graban ellos, que las graban muy bien. Con lo que nosotros hacemos, que nos den bola. Es muy díficil entrar en el mercado, en la tele, en la radio, y ahí es donde se vende un disco. Siempre estamos con una desventaja, como cuando estabamos con el bloqueo americano ese que se vive en Cuba, como si arrastrasemos el bloqueo por todo el mundo.

CD: Cómo te sentiste mientras tocabas en La Tropical?

JLM: Me sentí de puta madre, ha sido uno de los momentos en los que mejor me he sentido en mi carrera musical, no esperaba que aquello fuera así, tan apoteósico. Esperaba que vinieran los socios y que se llenara un poquito. Cuando me dijeron La Tropical, lo primero que pensé... bueno, yo me acojoné, y dije, “coño, La Tropical, asere, eso es una locura“, eso es la cima de la música bailable en Cuba, donde toda la vida se ha ido a bailar, es inviolable, y ver todo el personal ese ahí, bailando y cantando las canciones, aquello fue lo más grande.

Algo similar nos pasó ahora en Miami. A lo mejor un poquito menos de gente, porque era un teatro, con una capacidad de 2500 personas (en La Habana fue mucho más) pero igual. Lo que tengo muy claro y muy seguro es que nosotros componemos, cantamos, y estamos aquí para los nuestros, los que más saben apreciar nuestra música, asimilarla, los que están en talla de lo que pasa. Por ahí hay otros públicos, y hay un cariño, hay un amor, pero como tu gente nada.

Creo que nuestra carrera se va a realizar por completo, y va a estar entera cuando nosotros estemos donde tenemos que estar, que debería ser en Cuba, por mucho que me digan que no (porque cuando uno vive muchos años por ahí es difícil). Ese es tu medio, en realidad es nuestro medio natural. Caetano, Gilberto, vivieron unos años de exilio en Inglaterra, pero mira dónde están ahora, dónde llevan años, dónde en realidad son lo que son, es en Brasil. Lo mismo pasó aquí con Serrat, a quien le dieron mucha caña, o con Sabina, que se tuvo que ir a Inglatera también, porque pertenecía al partido comunista. Al final en tu tierra es donde tú debes estar, aunque te crees tus escenarios por ahí. Ser un ciudadano del mundo también ayuda mucho, que puedas tocar mañana en Londres, al otro día en París, en La Habana o donde sea. Pero importante es tu gente, los que te asimilan y aunque estés afónico de gritar te van a apoyar, los que se aprenden las canciones enteras, nos pasó en La Habana y con los cubanos de Miami. Eso te da también una medida.

CD: ¿Te sientes más cubano ahora que eres ‘ciudadano del mundo’?

JLM: Madrid y La Habana son mis dos ciudades, sigo siendo un habanero, aunque ahora un poco más cosmopolita, no he renunciado a mi identidad cubana, sencillamente la he enriquecido pateándome las calles de Europa.

CD: ¿Cómo compones?

JLM: A mi me puede tomar unos minutos hacer una canción y otras veces puedo estar meses en eso. Pero el creador debe estar siempre bien atento a cada detalle de la vida cotidiana, porque cuando menos lo espera, ahí está la chispa que le mueve a escribir o reinventar lo que vive desde su punto de vista.

Estación de Sol, Llevándome el río o Quítate de eso, son temas que nacen de ese estado de gracia. Me sube la parada o La novia de Superman son más experimentales. Estuve un tiempo jugando con las maquinitas de ritmo y el ordenador, sin utilizar para nada la guitarra y fue una experiencia bastante reconfortante. La novia, por ejemplo, se coló en el último trabajo de Habana Abierta, fue el tema que más le gusto a Nat Chediak, a mi me sorprendió bastante. Al final, la historia que contaba fue lo que cautivó al productor. Las canciones, como la vida, siempre dan algunas sorpresas imprevistas, en este caso fue una sorpresa muy agradable.

CD: ¿Tienes algunos planes futuros con Habana Abierta?

JLM: Como en todas las familias siempre hay quien viene o se va, pero el núcleo sigue ahí, pura resistencia. Nuestros planes futuros incluyen seguir grabando y tocando, esperamos que el camino esté abierto siempre, que no falte carretera. Por ahora hay un regreso a Miami, previsto para octubre, conciertos y quién sabe si un disco también, así que en sus marcas, listos... Paramos aquí, que tengo que tocar.


* Frase de Alejandro Gutiérrez en su canción Derramando Luz.

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