viernes, noviembre 30, 2007

Athanai
Sala Impacto
Jueves 6 diciembre
23:30



Di quién fue

jueves, noviembre 29, 2007


"CUBA PERFORMANCES" recorre las ciudades.

Cuba Performances" (2006), documental dirigido por la cubana Elvira Rodríguez Puerto y el español Javier Buergo, será exhibido en Madrid el próximo viernes 30 de noviembre y el domingo 2 de diciembre.

El largometraje documental, de 60 minutos de duración, es el primer acercamiento a un grupo de jóvenes irreverentes dueños del amor, la palabra y la performancia. A través de comentarios y performances, miembros del proyecto OMNI Zona Franca, de Alamar, y Rafael Alvarez Domenech, comparten sus ideas y momentos desde los hechos más cotidianos hasta la reflexiones más críticas. Sus vidas están marcadas por el performance real de vivir y actuar como son, otorgando a las comunidades otras maneras de disfrutar la vida y el arte a plenitud. ¿La Patria? ¿El Espíritu? ¿Las libertades? ¿Hacerse el loco?

El filme, que fue grabado en Cuba entre 2001 y 2006 pero terminado de editar en Alemania, país donde reside la directora, es según la crítica especializada, "un documental antológico sobre momentos de la vida cubana a través de la poesía y la performancia" (Frankfurter Allgemeine Zeitung).

La escritora, fotógrafa y videoasta Elvira Rodríguez Puerto (Ciudad de La Habana, 1964) es la fundadora, junto al español Javier Buergo, de la productora EGBÉ FILM, y de FICCU, Festival Internacional de Cine Cubano, cuya primera edición se llevó a cabo este año en Alemania.
Elvira fue Talent Campus de la Berlinale para su primera edición, en el 2003, y ha producido entre otros: "Paraíso", documental de Alina Teodorescu, Premio de Cámara Alemán, 2004, y "Una pequeña radiografía del Hip-Hop en Cuba", 2005, documental de Ricardo Bacallao. Entre sus libros están: "Fragmentos para armar d‘ Katherine", y "Deseos líquidos", narrativa (en co-autoría con Aymara Aymerich). "Estrategias de una mujer madura", cuentos, es su primer libro publicado en Alemania por la Editorial LAGREV.

La proyección de "Cuba Performances" (2006) se hará en el AULA MAGNA de la Escuela Superior de Arquitectura, C/ Juan de Herrera 4, Ciudad Universitaria, el viernes 30 de noviembre a las 19:00 horas, y en la Asociación Cultural Yemayá, C/ Calatrava 16, Madrid, el domingo 2 de diciembre a las 20:00 horas. La entrada es gratuita.

Más información: www.elvirarodriguezpuerto.de, www.ficcu.com

miércoles, noviembre 21, 2007



BASES PRIMER FESTIVAL DE CORTOS "A LO CORTICO"

1/ Participantes

Podrán participar cuantos autores y autoras lo deseen, sin distinción de edad, sexo ni lugar de procedencia.

2/ Modalidad

Podrán participar obras de grabación directa o de animación.

3/ Tema

El tema es libre y las obras deberán ser originales, inéditas o no.

4/ Características de las obras

Las obras se presentarán transferidas a formato DVD, independientemente de su formato original de realización, preferiblemente en castellano, o subtituladas en su defecto, y su duración deberá ser como mínimo de 2 minutos y máxima de 20 minutos.

5/ Presentación de trabajos

Las obras presentadas al concurso deberán ir acompañadas del boletín de inscripción anexo a estas bases, o solicitado en el momento de la entrega directa en la Asociación Cultural Yemayá junto con un documento en el cual figuren los datos personales del participante (nombre y apellidos, dirección y teléfono). En cada CD figurará el título de la obra. Cada participante podrá participar con un máximo de dos obras.

6/ Entrega de las obras

Las obras podrán ser enviadas por correo certificado o entregadas directamente en:

Asociación Cultural Yemayá
Calle Calatrava, Nº16, La Latina 28005, Madrid.
Tel: 913663665 Email: baryemaya@hotmail.com


7/ Plazo de presentación

El plazo de presentación de las obras finaliza el 31 de diciembre 2007, a las 24:00 horas.

8/Jurado

Durante todo el mes de Enero y Febrero la Asociación Cultural Yemayá expondrá en su sala de proyecciones los cortos en concurso y será el público asistente a estas presentaciones el que con sus votaciones preseleccionará las 5 obras finalistas que se someterán a un jurado, compuesto por personalidades iberoamericanas relacionadas con la cultura, el arte y el cine, este jurado determinará el fallo del certamen, el cual será inapelable. Además, dicho jurado resolverá cualquier duda, imprevisto e interpretación que se derive de las presentes bases, prevaleciendo en todo momento su criterio.

9/Entrega de premios

La entrega de premios será el día 8 de marzo 2008, en la Asociación Cultural Yemayá a las 21:00 horas.

El jurado podrá declarar desiertos los premios que considere necesarios si, a su juicio, y con el objeto de salvaguardar el nivel del concurso, las obras presentadas no reúnen la suficiente calidad artística. Asimismo, si lo estima conveniente, podrá otorgar cuantos accésit o premios extras crea necesarios. En tal caso, el reconocimiento consistirá en un diploma.

10/Premios

Se establecen los siguientes premios, dejando expresamente previsto que ningún autor o autora puede ser premiado o premiada dos veces.

- 1er Premio: Un Billete de avión Madrid-Habana-Madrid e inscripción para participar como invitado en el 6to Festival Internacional de Cine Pobre a efectuarse del 14 al 20 de abril del 2008 en Gibara, Cuba.

El segundo y tercer premio consistentes en participaciones de las obras en prestigiosos festivales de Suiza y Noruega así como las menciones y reconocimientos entendidas por el Jurado se darán a conocer durante su entrega el día 8 de Marzo de 2008.

Tanto Premiados, como participantes recibirán el correspondiente diploma acreditativo según sea el caso, otorgado por la Asociación Cultural Yemayá.

11/ Propiedad

Una copia de las obras premiadas quedarán en propiedad de la Asociación Cultural Yemayá, quien se reserva el derecho organizar sesiones para su proyección, sin que ello suponga ni sean exigibles derechos de autor o autora. Una copia del resto de las obras pasará a incrementar el patrimonio cultural de la Asociación, sin fines de lucro o sin que puedan ser objeto de compraventa excepto disposición, trato o previo acuerdo con el autor o autores.

12/ Proyección

Las obras premiadas serán proyectadas en la sala de Proyecciones de la Asociación Cultural Yemayá. Previa publicación del programa de proyecciones. Y en festivales de Cine de Cuba, Suiza y Noruega.

13/ Devolución de las obras

Dentro de los 30 días siguientes al fallo se realizará la devolución de las obras originales. La organización cuidará con el máximo esmero las obras presentadas, pero no se responsabiliza de la pérdida o deterioro de las mismas.

14/ Observaciones

El hecho de participar en el presente concurso implica la aceptación total de las bases.

La organización no se responsabilizará de la pérdida o deterioro que pudieran sufrir las obras en su envío.



Puedes solicitar el boletín de inscripción vía internet o personalmente
Más Información:
Asociación Cultural Yemayá
Calle Calatrava, Nº16, La Latina 28005, Madrid.
Tel: 913663665 Email: baryemaya@hotmail.com

martes, noviembre 20, 2007

domingo, noviembre 18, 2007

Boris Larramendi
Concierto en el Anfiteatro del Parque Almendares
27 de julio 2007

Te quiero baby



El sabor del fin





sábado, noviembre 17, 2007

Habanicidios


Adiós Westinghouse
Por M. García.

Aquellos que han estado un poco ajenos a la realidad doméstica cubana podrían no recordar los tantos programas de "ayuda" a la familia cubana que han existido.

No me refiero a ningún tipo de ayuda al estilo del gobierno norteamericano. Más bien hablo de los tan esperados cambios de efectos domésticos. En ello incluyo el reemplazo de cocinas de kerosén (popularmente llamado luz brillante, como si fuera una traducción al idioma de los nativos norteamericanos) por cocinas eléctricas y la "reina", la olla de presión eléctrica.

Como todo "programa de ayuda", es recibido con beneplácito y con gran acumulación de paciencia previa. La estrella de estos reemplazos es, claro está, el refrigerador.

Si estuviéramos haciendo un reporte para una publicación foránea, pudiéramos decir que cada casa de Cuba posee un ejemplar tan diferente de refrigerador que si se pusieran todos juntos se podría hacer un museo de la refrigeración sin limites de épocas, estilos, fabricantes o nacionalidades.

Si una cosa buena podría tener el calentamiento global y la subida de los precios del petróleo, debería ser el hecho de que gracias a ellos en Cuba el gobierno posibilitó el recambio de refrigeradores viejos y gastadores de electricidad por nuevos y relucientemente blancos refrigeradores chinos de la marca Haier.

Además, para más inri, son entregados en cada casa, como si fuera un servicio de entrega formal y disciplinado. No nos engañemos. Echémosle un vistazo al procedimiento desde un principio.

Todo comienza una bella mañana, meses antes de que se realice el esperado cambio. Una persona por cuadra, casi siempre la responsable del CDR (para los ajenos al tema y los 'olvidadizos', Comité de Defensa de la Revolución) pasa casa por casa tomando nota de los equipo a cambiar por domicilio. Apartando la consabida violación de la privacidad tan común e inherente a todo barrio cubano, es el único procedimiento inicial a realizar. ¡Que dicha!

Meses después, varios meses después, llega un día la misma persona responsable y te anuncia que al día siguiente debes vaciar tu refrigerador viejo, porque te lo van a reemplazar por uno nuevecito de paquete. Te emocionas, saltas de alegría y después, piensas. ¿Será bueno? ¿Durará tanto como el viejo? ¿Tendré que sobornar a alguien?

En fin, que esperas al siguiente día. Llega la mañana y nadie en la cuadra fue a trabajar esperando al refrigerador, en una situación parecida a la que se da en la película española Bienvenido Señor Marshall.

Se presenta un camión a la entrada de tu casa y entran dos "elementos" de los "avezados y siempre heroicos" grupos de trabajadores sociales. Jóvenes con ansias de ayudar a la sociedad en cualquier frente que se necesite, y a prueba de cualquier tipo de corrupción.

Toman los datos de los jefes de familia y los de los viejos refrigeradores, escribiendo el nombre de la persona a cargo con tiza roja en la puerta del aparato. Por un momento te sientes un poco lacrimoso, al darte cuenta que se va un pariente de larga data.

Media hora después llegan los cargadores de refrigeradores, como si fuesen enterradores, y se llevan al "muerto vivo" (no olvidemos mencionar que para el cambio el refrigerador debe estar funcionando a la perfección). Tres o cuatro horas después llegan los camiones de nuevo, cargados con las cajas de cartón, en cuyo interior se encuentran los nuevos inquilinos refrigerantes. Mismo procedimiento a la inversa y listo.

Jeff, el novio estadounidense de mi vecina Zuleimis me comenta que el presenciar toda esa actividad le resulta totalmente sorprendente. "Es el único país del mundo donde le gobierno distribuye nuevos equipos a la población de manera gratis", me dice. ¿¡Gratis!?, respondo yo cual conde hemófilo de Vampiros en la Habana. De eso nada.

Según el contrato, porque hay contrato, las personas con refrigeradores nuevos deben pagar el costo del refrigerador a plazos durante un periodo de tres años. Calculadora en mano saco cuentas. El precio del refrigerador es de 6107 pesos cubanos. Tomando en cuenta el crédito a pedir en el banco resulta que cada persona debe pagar mensualidades de 180 pesos cubanos de su salario de alrededor de 400 pesos mensuales durante tres años.

Sacando otra cuenta calculo que el precio del refrigerador en CUC es de 254 CUC o pesos convertibles. De pronto llego a la conclusión de que he entregado mi refrigerador, viejo pero en funcionamiento, y me entregaron otro nuevo por el cual debo pagar el mismo precio que en las tiendas. Es decir, he hecho el papel de tonto, pero estoy contento y le agradezco al gobierno por tan eficaz programa de "entrega a domicilio".

No quiero ni ponerme a pensar en los efectos psicológicos, sociológicos y demás que implican tal iluminación cerebral. ¿Será así con todo? ¿Tendré que volver a ver mi ya supervista copia pirata de ‘Matrix’? En fin, me consuelo diciendo que podría ser peor.

Mi vecino Ramón, al que le cambiaron el frío hace un mes, lo llevó peor. Resulta que el suyo nuevo llegó con defectos y solicitó el cambio. Se lo cambiaron a la semana, cuando ya los vecinos se habían cansado de conservarle sus exiguas fuentes alimenticias. A los tres días se rompió el reemplazo. Pobrecito.

Ya cuando el reemplazo se estaba aclimatando, exterior e interiormente, a su nueva casa, le llegó a Ramón el tercer inquilino refrigerante. ¡Al fin! Conecta el aparato y... tampoco funcionaba.

La cosa podría haber tomado tonos humorísticos, si no fuera porque Ramón cogió tal berrinche que su pobre corazón no pudo más y decidió regalarle un infarto mortal que a sus 48 años de edad fue más que sorprendente para sus familiares. Pobre Ramón. Ahí va otro héroe caído en la larga lucha del recambio socialista. No te olvidaremos.

Pero, pregunta obligada: si Ramón era el jefe de familia y el beneficiario del nuevo refrigerador, ¿tendrán sus familiares derecho al nuevo equipo? Dejaré la respuesta como nos hacen en las novelas brasileñas. Lo veremos en el próximo capitulo.

jueves, noviembre 15, 2007

miércoles, noviembre 14, 2007

Jueves 15, 19:30h, lanzamiento de la novela "El universo de al lado", de Eduardo del Llano. Librería "El bandido doblemente armado", calle Apodaca 3, Madrid (metro Tribunal). La presentación estará a cargo del actor cubano Roberto San Martín.

martes, noviembre 13, 2007

Julio Hernandez en concierto
Bar Kabokla
Viernes 16 de noviembre 2007
22:30h
Calle San Vicente Ferrer 55
Madrid
Metro Noviciado



De formación autodidacta, compone sus primeras canciones en 1989, mientras cumple el Servicio Militar Obligatorio en Cuba. En 1991 se presenta con un concierto en la Casa del Joven Creador de Ciudad de la Habana, de la Asociación Hermanos Saíz (A.H.S.).

Es seleccionado Proyecto Nacional Priorizado de la AHS en el Primer Festival “LOS DÍAS DE LA MÚSICA” en 1992, y Proyecto Nacional Priorizado en el Segundo Festival Nacional, en 1994. Participa en programas de la Televisión Cubana.

Comparte escenario con figuras del Movimiento de la NUEVA TROVA como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Sara González, Marta Campos, José Antonio Quesada, Gerardo Alfonso y Alberto Tosca, entre otros.

En 1995 viaja a Brasil, realizando presentaciones en el espacio CANTARENA de la UMES, junto a reconocidos interpretes de la música brasileña como Chico Cesar e Ivan Lins en Sao Paulo y Beth Carvalho o Martininho da Vila en Rio de Janeiro. Interviene en el programa “A MANHA” de TV Manchete, y “BOM SUCESSO” de TV Globo. Canta en el “Palacio 9 de Junho”, la sede de la Asamblea Estadual de Sao Paulo.

Ha hecho conciertos además, en el Palacio de los Capitanes Generales 1992 y 1995, el Castillo de la Fuerza en conmemoración del 481 aniversario de la fundación de la Habana, en el mismo año, el la Sala Ernesto “Che” Guevara de la Casa de las Américas, junto a Fernando Bécquer, Aldo Antonio García y David Sirgado.

En el Museo Nacional de Bellas Artes 1996, 1998, la Sala Talía de la Facultad de Economía De la Universidad de la Habana en 1997, 1999 y 2000, la Sala Majadahonda del Centro Pablo de la Torrente Brau 2002, en el mismo año en la Asociación Yoruba de Cuba y en la Biblioteca Rubén Martinez Villena de la Habana Vieja el 24 de diciembre de 2004, entre otros lugares de la Ciudad de la Habana, Pinar del Rio y Brasil.

Radica en Madrid, España desde el año 1995. Realiza presentaciones en Cantabria (Obra Social del Caja Cantabria, 1998, Palacio de los Festivales el mismo año), País Vasco (Gaztelupen en Azcoitia, en Beasaín, y Azpeitia y Bilbao), Andalucía (La Carbonería), Gran Canarias, y en Sao Paulo y Rio de Janeiro, Brasil.

Las canciones de Julio Hernández fusionan los estilos musicales cubanos como el son, el son montuno, la guaracha o el cha cha cha, con la amplia gama de ritmos con los que se ha cruzado en su camino, la bossa nova, la MPB o el funky. Esta mezcla da en conclusión un producto diverso, con una sonoridad propia y una voz singular dentro del amplio abanico de la canción de autor.

Julio Hernández en la prensa: http://arch.cubaencuentro.com/enclave/2001/07/16/3074.html

(Tomado de http://www.myspace.com/urubano)

martes, noviembre 06, 2007



Kinde en concierto
Día: viernes 9 de noviembre
Hora: 23.00 Horas
Lugar: Café Galdós - c/Los Madrazos, 10 (Madrid)
Metro: Sevilla. Linea 2
Entrada libre

lunes, noviembre 05, 2007

domingo, noviembre 04, 2007

Boomerang: Entre mitos y flautas.
Por Julio Fowler

5. El discurso de la indentidad


“No hay pueblo que no se halla creído el pueblo elegido”, dice Jorge Drexler en esa hermosa canción de su disco “Eco”. [1]

Los cubanos y cubanas tampoco se quedan atrás a la hora de mostrar su vanidad y orgullo colectivo; vanidad que, de acuerdo con Iván de la Nuez, forma “el núcleo perverso del nacionalismo”. [2]

Nat Chediak lo deja al descubierto cuando en las palabras introductorias del libro dice acerca de Alain, “No conozco a otro cubano que -expuesto a la música del mundo entero- ame más la de su país natal”. [3] Esa presunción narcisista que apunta siempre a lo que nos distingue de los demás, me hace recurrir a la alegoría platónica de la cueva para intentar ilustrarlo.

Al igual que los reos encadenados del relato, los cubanísimos solo ven la sombra (de su nación y cultura) proyectada en la pared y la convierten en su mundo, en su única realidad y experiencia.

Por eso tal vez el nacionalismo sea también una cuestión de ubicación perceptual, de perspectiva. Ideas así hacen que algunos artistas cubanos fuera de la isla lleven la bandera a cuesta como reforzamiento de su identidad, síntoma quizás de complejo poscolonial, o del excesivo narcisismo que es su lógica respuesta.

Me parece oportuno recordarle a Nat Chediak, cuando parece exaltar la ausencia de permeabilidad musical en un músico como Alain Pérez que, hacia la segunda mitad del siglo XVI, el régimen colonial en la isla agrupaba a los esclavos negros en asociaciones llamadas Cabildos de nación. Eran llamados de nación, puesto que se evitaban las relaciones interétnicas africanas, y cada nación conservaba así su cultura original, sin peligrosas mezclas.

Por fortuna, la mezcla y el sincretismo de lo africano, plural y múltiple en sí, y lo hispánico, igual de plural, es lo que ha hecho posible eso que llamamos música cubana. Hablar de “inconfundible voz propia”, “sin perder la coherencia de su identidad” [4] y cubana, como si fuera su guardián, su protector, es de un fundamentalismo temerario.

Es, como mínimo, no saber que al margen de las modas y los intereses identitarios, al margen de los cánones oficiales de cubanidad, la singularidad de una cultura es imposible fijarla o delimitarla, pues ésta no deja históricamente de desplazarse, ya que no se trata de algo ajeno o separado del sujeto mismo, de su existencia y vivencias.

Normativizarla, conservarla como pretenden algunos, es fabricar un dogma; lo cual es un rito fácticamente posible, pero justo en su canonización radica su muerte. La música de ayer no es la música de hoy, a pesar de ciertas y felices coincidencias.

A contracorriente de ese impulso teleológico y autoritario típico de la tradición política en la isla, una historia y una cultura musical como la cubana no resiste ni se resiste al aislamiento, eso va contra su naturaleza o por lo menos contra esa disposición y apertura a la presencia del otro.

La música, y de esta manera la cultura cubana, estará siempre expuesta a contaminaciones sonoras de todo tipo y de toda índole, ya sea por el carácter multiétnico de esta, como por la tentativa de querer violentar la misma condición insular, de romper esa soledad que la geografía impone en la búsqueda de un diálogo transcultural o un sitio en la modernidad como ha venido ocurriendo.

Le recuerdo a Nat que eso que llama jazz afrocubano es fruto de la diáspora, de la emigración y de un singular encuentro cultural de músicos como Chano Pozo o Mario Bauzá, en el New York de los años 40.

Si el jazz moderno es lo que hoy es, ha sido gracias a ese diálogo transcultural beneficioso para la música misma, gracias a que músicos como Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Miles Davis entre otros músicos norteamericanos, se abrieron al sonido eléctrico de las congas y tambores afrocubanos, iniciando así un camino de intercambio mutuo.

No me imagino a músicos de esa envergadura preocupados por la pureza musical de sus raíces, no me los imagino cerrados ante la magia de un lenguaje que les fue forzosamente extirpado de su cultura. [5]

El hecho de nacer en Cuba o “ser cubano” no explica el comportamiento general de sus habitantes, ni los clasifica ni los predice. Se puede haber nacido en Cuba y no tener sentido del ritmo ni de la clave. Se puede haber nacido en Japón y bailar y tocar la música cubana con su mismo sabor y desparpajo.

Que Frank Fernández, Jorge Luis Prats o Víctor Rodríguez no hayan nacido en Polonia, Rusia, Alemania, Austria o Hungría no significa que no puedan interpretar con maestría y virtuosismo a Chopin, Tchaikosvky, Rachmaninov, Bach, Beethoven, Mozart o Lizt; así mismo, el hecho de que el piano sea un instrumento de origen europeo, italiano para más precisión, no quiere decir que los europeos o los italianos lo toquen y manipulen mejor que los demás habitantes del planeta.

El que inventó el revolver no tiene por qué ser el que mejor dispara. El fútbol moderno se creó en Inglaterra, hoy por suerte es patrimonio de todas las culturas del planeta y en tierras del sur latinoamericanas se juega con exquisita destreza técnica e imaginación. Más de lo mismo ocurre con el béisbol o el hip hop, y todos sabemos con qué originalidad y arte se practican en la isla.

Por eso una de las cuestiones que más me sorprende del nacionalismo en el estudio de la música popular en la isla es su incoherencia cuando pretenden dogmatizar lo que no es más que una identidad en continuo movimiento. Su inconsecuencia es otras de las cuestiones que me dejan perplejo de esta ideología.

Por un lado, manifiestan un colosal y desmedido enfado con la Salsa que, al fin y al cabo, como arquetipo musical comparte raíces identitarias con la isla, y sin embargo, por otro existe una extremada complacencia -sin que apenas le dediquen un gramo de enojo y de atención crítica- a aquellos años de “realismo socialista”; aquel período en que el folclor ruso, germano o eslavo hacía furor en los programas del movimiento de artistas aficionados.

Años en que las troicas y mazurcas se paseaban por los escenarios de toda Cuba y las voces de Karel Gott, Bizer Kírov y el rock de grupos como Locomotiv GT, Karat o aquel programa alemán llamado “Ein Kessel Buntes”, invadían la televisión y la radio en los 70.

Ese pintoresco período de intercambio artístico con el extinto campo socialista cuya tradición era aparentemente ajena o incompatible con la insular, no pareció incomodar a los celosos guardianes de la frontera y sin embargo no fue más que una vulgar imposición cultural, decretada, orientada y ejecutada desde el autoritarismo del Estado cubano.

Bajo el mandamiento de una supuesta hermandad socialista la música popular ligera de aquellos países entró y salió de la isla como lo que “el viento se llevó”. Hubiera sido interesante alguna tentativa de experimentación con la música y el folclor de aquellas culturas tan hermanadas en lo político.

Lo penoso de esta incoherencia -que se supone se sostiene en tanto articula una historia teleológica y un discurso sobre lo identitario- es cuando recula y evade la controversia a la hora de explicar el período de aislamiento de la música cubana en la década de los 60.

De repente, el bloqueo de los EU a la isla sobreviene la excusa histórica perfecta, la cortina de humo conveniente para arremeter contra el surgimiento de la Salsa, y así dejar fuera del blanco crítico la nefasta política de la Revolución, que en sus inicios truncó la fructífera dinámica de intercambio y difusión de la música popular cubana que por entonces se estaba gestando en todo el continente.

Pero además, la nueva política revolucionaria no fue ni ha sido capaz de construir una industria de grabaciones lo suficientemente sólida, o por lo menos no a la medida de su nacionalismo, ni a la altura de su inquietante y vertiginosa reserva y demanda.

Las palabras de Radamés Giró en su prólogo a “Panorama de la música popular cubana” no tienen desperdicio en este sentido. En una de sus páginas dice: “Era lógico que hacia la década del 60, por circunstancias que no viene al caso analizar aquí, la música cubana, al quedar “encerrada” en su propio medio y casi sin posibilidad de que se conocieran las nuevas tendencias por las que enrumbaba, fuera el “blanco” natural para que los músicos latinos que vivían en New York y en sus propios países, quizás por el agotamiento latente de la música bailable que se hacía en la que ellos llaman “la capital del mundo”, buscaran “explotar” la que sonaba en Cuba entre los años 40 y 50”. [6] (Las negritas son mías).

Este párrafo no solo es el colmo del narcisismo ideológico, sino un ejemplo de la cobardía intelectual que azota la isla desde hace casi medio siglo. El ataque a la Salsa es la evidencia del narcisismo y la incoherencia de una cultura musical que se ha construido a sí misma a base de asimilar y procesar préstamos e integraciones sucesivas.

La tutela de la tradición en forma de políticas, responde a un esquema de pensamiento metafísico, por naturaleza dogmático, responde a mandamientos casi teológicos que tienden a congelar el movimiento orgánico de la cultura misma.

En Cuba, este nacionalismo cultural ha llegado a los límites mismos del absurdo. Ya fuera burgués o popular, estuvo siempre pendiente de las “penetraciones culturales”; burdamente empecinado en amurallar culturalmente sus fronteras. El absurdo de esta obsesión ideológica, de esta tendencia al rechazo y al hermetismo cultural nos lo describe Jorge Ibarra, al relatar el debate que se produce a partir de la segunda mitad del siglo XIX entre lo que él llama la “cultura de la nación burguesa” y la “cultura nacional popular del pueblo-nación”. [7]

Aquel debate no era más que un conflicto de naturaleza clasista entre visiones ideológicas pugnando por establecer la hegemonía de su discurso cultural. Resulta que por entonces, el nacionalismo cultural burgués se oponía a la penetración cultural norteamericana mientras el nacionalismo cultural popular (depositario, según Ibarra, de la verdad cultural en tanto pueblo-nación) se oponía a la hegemonía del discurso cultural nacional burgués.

Esta breve historia de oposiciones y rechazos en cadena, de nacionalismos culturales que se bifurcan (el burgués y el popular), de “verdades” que se enfrentan, es la demostración del carácter ideológico, ficticio y sectario de esta corriente de pensamiento.

Los nacionalismos (ya sean culturales o políticos) parecen describir órbitas traslaticias ajenas a toda conexión, movimientos rotatorios ensimismados, solipsistas. Son una suerte de autismo colectivo que impide comunicarse y abrirse al Otro, a ignorarlo o negarlo a no ser que la relación posea un interés instrumental.

Creen que la pertenencia es una condición genética, una sustancia, una cuestión dada a priori y no una cuestión de elección; de ahí que crean ciegamente que su singularidad cultural; aquel conjunto de características que la hace peculiar esté instalada en el ADN de su cultura, su territorio y su tribu, sin distinción alguna.

Creen, por ejemplo, que “lo cubano” es una condición del sujeto, una categoría biológica, antropológica y filosófica. Creen vehementemente que es una esencia inmutable de su ser y no una invención histórica, una ficción del imaginario político, un adjetivo, un predicado de aquel.

El nacionalismo, por regla general, solo ve totalidades, cantidades sociales homogéneas, conjuntos monolíticamente integrados y cuantificables: la patria, la nación, el pueblo, las masas, etc.

Por un lado pierde la perspectiva del Otro y por otra parte, es incapaz de ver el carácter único del individuo porque ese yo único y singular no existe, se diluye, pierde su rostro propio en el magma simbólico de los colectivos nacionales donde toda individualidad desaparece.

Lo que este pensamiento pone en peligro es la diversidad, la pluralidad e individualidad del sujeto y en el fondo la misma libertad. Tal vez por eso en psicología, el narcisismo se estudie como una de las tendencias regresivas del ser humano.

Siempre me ha resultado apasionante, extraordinario y a la vez paradójico que uno de los estandartes del nacionalismo cultural -la música- sea la consecuencia de un proceso transcultural, de una maravillosa conjunción étnica que fruto de la emigración, la diáspora, y el exilio, fue construyendo a lo largo del tiempo una de las creaciones colectivas del genio popular insular más trascendente.

En una cultura tan abierta y mestiza como la cubana, no cabe ni tiene sentido la segregación; toda noción de “pureza” encuentra allí su destierro y su tumba. Pensar que para que algo sea musicalmente cubano debe portar en su ADN el cinquillo o en su sonido la conga, el tambor o el bongó es sencillamente una aberración.

Por eso cada vez que mencionan la cuestión identitaria o la cubanía en la música de la isla, solo me basta ejercitar un poco la memoria para no contagiarme de ese virus que, dicho sea de paso, en su obsesión de soberanismo e independencia lo único que ha conseguido es fragmentar y dispersar a los cubanos mismos. Como acierta a decir Edward W. Said “son los gobiernos nacionales, actuando en nombre de la seguridad nacional (y añado: de la soberanía y la independencia) quienes han infringido los derechos de los individuos…”. [8]

La cultura oficial del régimen revolucionario se sustenta justamente en ese absurdo y dogmático modelo identitario; de ahí que Nicolás Guillén sea el poeta nacional y no Carpentier (demasiado afrancesado), Lezama Lima o Eliseo Diego (demasiados católicos y burgueses).

La homogenización del discurso cultural responde siempre a esa estrategia de mitificación propia de los discursos imperiales y hegemónicos, lo mismo ocurre con la idea de Nación. Y es este el lenguaje usado y cristalizado en el mensaje y los comentarios de Nat Chediak a Boomerang. Es decepcionante pensar que un día se fue a Norteamérica quizás para vivir en “democracia”; sin embargo se llevó aquello que de alguna forma lo vincula con el régimen.

Por último, una postrimera reflexión: ¿de qué nos sirve que la canción exprese cubanía o no, de qué vale si esta es portadora de un nuevo sonido o sigue siendo tradicional, si al final no consigue emocionarnos o conmovernos, si al final no logra dibujarnos la risa o arrancarnos el llanto?

Creo que es tiempo de que lo que verdaderamente nos importe sea la Canción, la Música, sin adjetivos ni limites, sin restricciones ni clasificaciones, que lo único que consiguen es prejuiciar, condicionar, entorpecer y dificultar su belleza, su comprensión y goce.

Las conjeturas en torno a ella se vuelven secundarias e insustanciales cuando una canción es capaz de conquistar el corazón de una persona, o remueve su conciencia en cualquier lugar del universo, en cualquier rincón del tiempo.

No la confinemos al estrecho habitáculo de las definiciones, si sabemos que el mejor de sus atributos es hacernos más placentera y valiosa la vida, acompañarnos en su viaje, ayudarnos a soportar sus dramas y obstáculos.

Dejemos pues que sea la Canción quien ocupe su justo lugar entre la gente, entre nosotros, que permanezca para darle un poco de sentido y sosiego a la existencia.

Julio Fowler, Madrid, abril de 2006.



[1] Milonga del Moro Judío. Track 6. CD Eco.

[2] El destierro de Calíban. Pág 143. Revista Encuentro de la Cultura Cubana Nº 4. 1997.

[3] Palabras de Introducción a Boomerang. CD

[4] Ibídem.

[5] En el jazz, ha ocurrido una singular transculturación debido al “permanente contrapunto y conflicto de los elementos de cultura blanca y negra que lo configuran”. Como bien argumenta Fabio B. Álvarez en su texto: Cuba: una identidad en movimiento.

[6] Radamés Giró. Introducción a Panorama de la música popular cubana. Pág. 7. Editorial Letras Cubanas.

[7] La Música cubana: de lo folklórico y lo criollo. Pág. 19. Panorama de la Música Popular Cubana. Editorial Letras Cubanas. Esa postura fundamentalista de la penetración es la misma que durante años acusó al feeling de “extranjerizante, comercial, enajenante”, como bien afirma Dora Ileana Torres en su texto “Apuntes sobre el feeling” Pág. 313 (ibídem).

[8] E. W. Said. Reflexiones sobre el exilio. Nacionalismo, derechos humanos e interpretación. Editorial Debate. Pág. 403.

jueves, noviembre 01, 2007